lunes, 9 de enero de 2012

La Clase

En las últimas sesiones del Máster de Formación del Profesorado antes de Navidad, llevamos a cabo una actividad de síntesis de dos asignaturas -"Sociedad, Familia y Educación" y "Aprendizaje y Desarrollo de la Personalidad"-, mediante el visionado de la película La Clase (Entre les murs, Francia, 2008), para su posterior puesta en común y debate.

La película nos habla de las distintas situaciones que se producen en un aula de un instituto de secundaria francés durante un curso académico, poniendo de manifiesto la complejidad de ese contexto educativo, en el que, como en tantos otros, los acontecimientos cotidianos pueden evolucionar hasta una situación de grave conflicto entre las partes.

Se podrían realizar muy distintos análisis de la película: desde las distintas secuencias ordenadas cronológicamente, desde los puntos de conexión con el marco teórico de las asignaturas del máster, desde la comparación con otros contextos...En esta ocasión, he preferido hacerlo desde el análisis de varios personajes significativos en su evolución durante la película.


François 
François es un joven profesor, con cierta experiencia docente tras varios años impartiendo la asignatura de Lengua. Se caracteriza por su trato cercano, su forma directa al hablar y la disponibilidad respecto al alumno. Su actitud es dialogante en todo momento y no duda en dejar que el alumno participe activamente de la clase, aunque también es firme a la hora de poner orden.

En las primeras secuencias podemos ver a François impartiendo clase y siendo abordado por las distintas situaciones a las que los alumnos lo exponen: no están de acuerdo cuando él les hace hincapié en la pérdida de tiempo diaria entre clase y clase, le recriminan el uso de nombres franceses y anglosajones que utiliza en sus ejemplos, cuestionan su orientación sexual durante una clase, se niegan a participar de una actividad de lectura en voz alta...Además de impartir la lección de cada día, François tiene que hacer frente a cuestiones de orden en la clase, multiculturalidad, prácticas religiosas diversas, sexualidad, respeto, compromiso, esfuerzo, situaciones familiares complicadas...Y a pesar de la complejidad de este contexto, François logra sacar adelante la clase.

Para el desarrollo de su asignatura, François sigue un modelo pedagógico que podríamos enmarcar en el paradigma sociocultural, en el que se accede al conocimiento a través de prácticas comunitarias. A mitad de curso, solicita a sus alumnos la elaboración de un autorretrato escrito, como forma de ejercitar la redacción a través de la exploración de la propia identidad y la exposición oral a través de la puesta en común. En todo momento, François mantiene una actitud abierta e incluso fomenta la expresión de los alumnos mediante otros canales, como pueda ser la fotografía, con tal implicar a todos los alumnos y atendiendo a la diversidad en las motivaciones y capacidades de aprendizaje y expresión de cada uno.

Sin embargo, este contexto que sirve a François de eje de su metodología, se convierte poco a poco en una fuente creciente de tensión. Su disponibilidad le lleva a chocar con la rebeldía y el descaro del alumno adolescente, y en ocasiones su talante democrático se tiñe de autoritarismo, como cuando obliga a una alumna a pedirle disculpas, indicando exactamente las palabras y la entonación adecuadas para hacerlo. Su trato directo y el diálogo constante de igual a igual con el alumno lo llevan a situaciones que derivan en enfrentamiento entre profesor y alumno, hasta el punto de tener que llevar a uno de ellos al despacho del director.

Es en estos momentos cuando empiezan a hacerse evidentes ciertas contradicciones en la actitud de François. Su talante abierto y disponible hacia el alumno, contrasta con su hermetismo respecto al resto del personal docente. Algunos compañeros piensan que François es demasiado tolerante y abogan por la puesta en marcha de medidas disciplinarias, mientras que él prefiere quitar hierro a ciertos problemas y apostar por la integración de todos los alumnos y la resolución de problemas teniendo en cuenta cada caso particular.

La situación se hace insostenible cuando las dos delegadas de clase filtran el contenido del consejo escolar, en el que François plantea la hipótesis de que su alumno más problemático, Suleimán, tenga ciertas limitaciones en su aprendizaje y en su situación familiar. Debido a este hecho y al mal comportamiento de las delegadas durante la sesión del consejo, François termina discutiendo con ellas durante la clase posterior, llegando incluso al insulto. Inmediatamente, Suleiman sale en su defensa y, ofendido por la actitud de François y por la valoración que se hizo de él en el consejo, se encara al profesor y termina saliendo violentamente de clase, golpeando accidentalmente a una compañera.

Sin duda es éste, el punto de inflexión en la evolución de François. La diplomacia y el diálogo, se transforman en autoritarismo y falta de respeto, mientras que la cercanía que tanto le ayudaba en la relación con sus alumnos, se convierte en su principal enemigo. En su desorientación, François llega a bajar al patio para discutir con las delegadas, y en todo este proceso, la comunicación con el resto del profesorado es prácticamente nula.

Suleimán
Suleimán es un alumno francés de ascendencia centroafricana. Desde el principio aparece sentado al fondo de la clase. Su actitud es apacible y respetuosa, aunque muy poco participativa desde el principio. No suele llevar el material a clase, no realiza las actividades durante el horario lectivo y se excusa diciendo que él las realiza en casa.

A pesar de su discreción en el ámbito académico, tiene mucho protagonismo entre sus compañeros y goza de su respeto y consideración. Sus intervenciones en clase, suelen estar fomentadas por sus compañeros cercanos y sus comentarios son secundados por los demás. Aunque en ningún momento pierde las buenas formas, plantea situaciones comprometidas para François, como la duda sobre la orientación sexual del profesor.

Suleimán no llega a interesarse por las actividades de clase, y como era previsible, no participa de la actividad del autorretrato. Se excusa de no haber escrito nada diciendo: "Nadie me conocerá menos yo". A lo que una compañera responde con: "Es que no sabe escribir". Suleimán reacciona inmediatamente levantándose la manga y exhibiendo orgulloso su tatuaje con unos versos del Corán. El profesor le pide que explique qué significado tiene, y tras su explicación, valora la belleza del verso e invita a Suleiman a expresarse buscando esa belleza.

Más adelante tiene lugar una entrevista entre profesor y padres de alumnos. Por parte de Suleimán, acuden su madre y su hermano, que hace de intérprete a la primera, pues no sabe hablar bien francés. No entienden que el chico tenga unas calificaciones tan bajas, puesto que se muestra muy trabajador en casa, y sin embargo, hasta la conversación con François desconocían las quejas del profesor sobre la escasa participación de Suleimán.

Sin duda, se trata de un alumno especial, con una situación familiar peculiar, con un carácter introvertido y poco participativo, pero también destaca su actitud comprometida con la familia, su carácter rebelde pero respetuoso y su sensibilidad.

Precisamente es abordando esta sensibilidad cuando la actitud de Suleimán respecto a su participación en clase empieza a cambiar. François le sugiere hacer su autorretrato mediante la fotografía comentada, y al final esta actividad despierta su interés. Una vez terminado, lo expone ante sus compañeros, que se sorprenden del resultado y de la capacidad de comunicación de Suleimán.

Sin embargo, con el paso del tiempo, empiezan a aflorar también las peores cualidades de Suleimán. Durante una clase se genera una polémica sobre cuál es la mejor de las selecciones de fútbol africanas, un tema que implica a muchos de los alumnos de la clase por su procedencia. Después de varias intervenciones, un alumno  recién llegado al centro interrumpe para defender la identidad francesa y su selección de fútbol, que engloba también a todos las personas de ascendencia africana que viven en el país. En ese momento, se genera un revuelo, y cuando el profesor reclama orden, Suleimán reacciona violentamente, siendo expulsado del aula y conducido al despacho del director.

Hasta ese momento, a pesar de las polémicas, Suleimán siempre había aceptado la autoridad de su profesor. En cambio, en esa ocasión no fue así. Y el posterior diálogo con el director, no hizo otra cosa que encerrar aún más a Suleimán en su incomunicación. El punto más álgido, se produce poco después, en un incidente aún más violento que describí poco antes al hablar de François, y que supone la apertura de un proceso disciplinario para Suleimán.

Durante ese consejo disciplinario y en las reuniones previas hay varias actitudes que resumen la situación y su evolución:

  • Suleiman: permanece continuamente en silencio. No tiene nada que decir.
  • La madre: dice que es buen chico y que trabaja en casa, y pide disculpas en nombre de su hijo, sin entender por qué se ha llegado hasta ahí.
  • François: disculpa la actitud del alumno y le pesan las posibles consecuencias para el chico si se produce la expulsión.
  • El resto de profesores: "Suleiman ya hace tiempo que no está con nosotros", y piensan que no sabe controlarse, por lo que ven inevitable la expulsión.

El desenlace: inevitable...¿o quizás no?

Henriette
Henriette es para mí el personaje estrella de esta película. Y, paradójicamente, pasa desapercibida hasta la escena final. De hecho he tenido que hacer un esfuerzo por encontrar una escena en la que se pronuncia su nombre.

Henriette se corresponde con la figura del alumno "en la sombra". Su evolución es casi imperceptible. Es una alumna correcta, cumple con sus tareas y no altera el orden de la clase. Sólo participa cuando lo requiere el profesor, en concreto, en una ocasión en la que François le pide que cite una de las palabras que no haya entendido de un texto que están leyendo. Ella responde improvisando, evitando el silencio y sale del paso.

Durante la película, se la puede observar en distintas escenas, ausente de las polémicas e interrupciones, en una actitud introvertida. Y sin embargo su participación en la escena final es demoledora: se queda para salir la última de clase el último día de curso, y se dirige a François diciendo: "Este año no he aprendido nada".

Lejos de ser una recriminación, como la mayoría de comentarios que los alumnos le hacían a François durante el curso, la frase de Henriette significaba desorientación y desconcierto. Y lleva ímplicito el temor hacia las expectativas propias y ajenas sobre su propio futuro.

En mitad del conflicto, entre el barullo, las reacciones violentas, los alumnos aventajados y los que obtienen peores resultados, se dan procesos de desarrollo personal poco evidentes pero sin duda muy significativos y reveladores de la complejidad y de la diversidad del proceso de aprendizaje en el ser humano, y de lo inadecuado que resulta en muchas ocasiones el sistema educativo en el que escolarizamos a los futuros ciudadanos adultos.

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