Hace mucho tiempo fue mi primer día de clase.Hace tanto que ni siquiera lo recuerdo. Pero lo que sí que puedo decir es que, desde mis primeros recuerdos escolares, el proceso de enseñanza ha sido muy parecido en las distintas etapas.
Es verdad que los días de preescolar eran algo muy parecido a un juego dirigido a adquirir diferentes habilidades y conocimientos básicos. Poco a poco, las horas de estar tirado en el suelo, dibujando y haciendo actividades en grupo fueron dejando paso a lecciones en las que el profesor se situaba al frente de sus 40 alumnos ordenados en mesas separadas. Se requería silencio y atención, se exponían una serie de temas, se planteaban actividades y se corregían los errores de las del día anterior.
Y así, peldaño a peldaño, se iban forjando conocimientos y también la noción de lo que es "una clase" y de cómo se enseña.
La primera vez que me sorprendí sobre el desarrollo de una clase fue al iniciar la carrera. Hasta el momento estaba acostumbrado al formato "clase magistral", al modelo didáctico y la alternancia de actividades individuales fuera del horario escolar con alguna actividad grupal. Pero no estaba acostumbrado a lo que me encontré.
Fueron especialmente impactantes las lecciones de Proyectos. En ellas, los profesores comenzaban la clase con luna proyección de imágenes -unas veces abstractas, otras sobre temas relacionados y otras sobre proyectos concretos de arquitectura- y después se procedía al enunciado de un tema de proyecto. A continuación se sugerían algunas referencias y se daba el pistoletazo de salida al alumno.
En las siguientes sesiones, se esperaba del alumno la elaboración de croquis y bocetos, la extracción de conclusiones y la argumentación de una línea de proyecto que serviría como guía del trabajo. Cada paso y cada avance -o cada retroceso- se exponía públicamente, sobre la pared, y se presentaba el trabajo ante los demás compañeros y los profesores. Se abría un periodo de crítica y te ibas para casa con la sensación de no saber nada.
Con el tiempo descubrías que no sólo aprendías de cada error, de cada desconcierto y de cada exposición pública, sino que también aprendías de las críticas que "sufrían" tus compañeros e incluso de los cambios de opinión de tu profesor. Cada matiz del proceso ofrecía una oportunidad de aprendizaje, y así, sin darte cuenta, aprendías, nada más y nada menos, que a idear edificios.
En la actualidad estoy siguiendo las clases del Máster de Formación de Profesorado de Secundaria. Y tengo que confesar que he vuelto a tener sorpresas. Las lecciones presenciales suponen una breve exposición de los contenidos de cada materia, y se espera del alumno un trabajo individual ya no solo de ejercicios sobre un tema tratado sino de investigación y asimilación sobre cada tema. La sensación de desorientación es grande, y más cuando gran parte de la información llega en soporte digital, exigiendo un seguimiento personal y continuo de dicho soporte. Pero quizás la mayor de las sorpresas es que, sin darme cuenta, gracias al visionado de una película, se ha hecho patente la cantidad de temas tratados y las conclusiones extraídas.
Otra sorpresa fue la clase de atención a la diversidad, en la que un profesor invitado, simuló una lección de matemáticas en la que se planteaba la resolución de una ecuación. La tarea se llevó a cabo de dos formas: una por la manera tradicional, trabajo individual y resolución del ejercicio por parte de un alumno que supo hacer la tarea; y otra, mediante pequeños grupos de trabajo en los que el alumno que sabía resolver la ecuación ayudaba a sus compañeros en sus dificultades, de forma que cualquiera de estos pudiera explicarlo ante toda la clase.
Creo que aprender es un proceso de continuas sorpresas...y me estoy dando cuenta también que en la acción de transmitir conocimiento se producen sorpresas. Espero estar abierto a todas ellas, y de esa manera, ser partícipe de una forma de enseñar capaz de llegar a cuantas más personas mejor.
Hola Juanjo.
ResponderEliminarDebo confesar que yo también me estoy sorprendiendo en algunos aspectos.
Respecto a lo de la carrera, madre mía que forma más dura de aprender. Ese juicio constante en la exposición de tus trabajos, esos profesores (la mayoría) que ridiculizaban las malas ideas, que tiraban abajo tus intentos frustrados por salvar tu ejercicio, con dosis hirientes de cinismo y sarcasmo... Aquellos agresivos que a algunos alumnos les decían que ellos no valían para arquitectura y que reconsiderasen cambiarse a aparejadores... Uff...
Sí, hemos aprendido. Como dices, la mayoría de las veces de los compañeros y de sus errores y aciertos. Por donde tiraba uno acertadamente, intentabamos tirar los demás siendo de alguna manera originales en el mismo camino.
Incluso ahora, en el Máster, yo aprendo mucho de vosotros. Mis carencias y limitaciones se apoyan en lo que sabéis hacer los demás para guiarme.
Como dices, la sensación de desorientación a veces es grande... pero el sentimiento de aprendizaje y apoyo en "el gueto" (nosotros, vosotros) también.
Eva
Hola Eva!!!!
ResponderEliminarPues sí, yo me alegro mucho del apoyo que proporciona este "Gueto cooperativo" que hemos formado...alguna vez intenté hacer algo parecido en la Universidad, pero más allá de mis mejores amigos lo único que encontré fue rivalidad.
La verdad es que ha sido duro pero nos ha servido de mucho. Y en cuanto a este Máster, creo que también nos está suponiendo un gran avance!!!
Así que nada, te veo en un rato con acrílicos en mano!!!!
Gracias por tu comentario.